El Complot y Crimen Contra Trostky


 

 
El asesinato de León Trotsky fue el episodio final de una serie de acciones que se gestaron en su contra desde el ascenso al poder de José Stalin, y uno de los asesinatos políticos más impactantes del siglo XX
 
Al ser expulsado de la URSS deambuló por varios países y por fin se instaló en Méjico D.F. en noviembre de 1936.  El georgiano Stalin encargó al servicio secreto de la URSS, la NKVD, que lo asesinara. Trotski, indiscutido líder de la revolución rusa, con todo su prestigio era un peligro presente y futuro para el stalinismo, al ser quien denunciaba con argumentos sólidos y ejemplos reales todo el proceso de burocratización de la URSS, y ser a la vez el único impulsado a organizar en diferentes países la oposición a ese proceso. Para esa tarea fue seleccionado Ramón Mercader, un hombre educado en el odio y luego militante del Partido Comunista de España.  Cuando le dieron la misión, convencido que haría un bien a la humanidad, logró ponerse de novio con Sylvia Angeloff, que pertenecía al círculo de militantes cercanos a León.  Estuvieron relacionados durante aproximadamente un año.
 

Ramón Mercader había recibido entrenamiento militar. Bajo el seudónimo de Jacques Mornard fue a la casa de Trotsky en varias ocasiones. Con la apariencia de un joven simpatizante de sus ideas, se escondía un monstruo.  Un 20 de agosto de 1940, se apersonó a la casa y le entregó un documento para que lo leyera.  Cuando el dirigente se dio vuelta para aprovechar la luz, le asestó un golpe violento sobre la cabeza mediante un piolet (especie de pico de los escaladores) que le provocó una herida muy grande y la muerte 12 horas después. Terminó asi con la vida de un militante revolucionario insustituible.  Fue un golpe enorme para la militancia y la Cuarta Internacional. 

 Cuando Trotsky explicaba las razones del intento de Stalin de asesinarlo y afirmaba que volvería a hacerlo, no había en sus palabras ningún fatalismo; como todos sus análisis, éste se basaba en las profundas fuerzas sociales que actuaban en la época imperialista, las cuales abrirían la inevitable perspectiva de nuevas crisis y revoluciones; este era, al mismo tiempo, el fundamento de su optimismo revolucionario. “…No necesito refutar una vez más las calumnias estúpidas y viles de Stalin y sus agentes; en mi honor revolucionario no hay una sola mancha. Nunca entré, directa ni indirectamente, en acuerdos ni negociaciones ocultas con los enemigos de la clase obrera. Miles de adversarios de Stalin fueron víctimas de acusaciones igualmente falsas. Las nuevas generaciones revolucionarias rehabilitarán su honor político y tratarán como se lo merecen a los verdugos del Kremlin.

En sus propias palabras"Fui revolucionario durante mis cuarenta y tres años de vida consciente y durante cuarenta y dos luché bajo las banderas del marxismo. Si tuviera que comenzar todo de nuevo trataría, por supuesto, de evitar tal o cual error, pero en lo fundamental mi vida sería la misma. Moriré siendo un revolucionario proletario, un marxista, un materialista dialéctico y, en consecuencia, un ateo irreconciliable. Mi fe en el futuro comunista de la humanidad no es hoy menos ardiente, aunque sí más firme, que en mi juventud".

Más allá de esta historia trágica, en medio de la brutal crisis del capitalismo imperialista actual, debemos leer sus obras y siguiendo sus enseñanzas y experiencias, para apuntalar el proyecto del socialismo revolucionario. De esa manera, con toda seguridad, el sueño de León Trotsky seguirá su curso en busca de cumplirse.  


 

 

Publicar un comentario

0 Comentarios