Ramón Mercader habÃa recibido entrenamiento militar. Bajo el seudónimo de Jacques Mornard fue a la casa de Trotsky en varias ocasiones. Con la apariencia de un joven simpatizante de sus ideas, se escondÃa un monstruo. Un 20 de agosto de 1940, se apersonó a la casa y le entregó un documento para que lo leyera. Cuando el dirigente se dio vuelta para aprovechar la luz, le asestó un golpe violento sobre la cabeza mediante un piolet (especie de pico de los escaladores) que le provocó una herida muy grande y la muerte 12 horas después. Terminó asi con la vida de un militante revolucionario insustituible. Fue un golpe enorme para la militancia y la Cuarta Internacional.
Cuando Trotsky explicaba las razones del intento de Stalin de asesinarlo y afirmaba que volverÃa a hacerlo, no habÃa en sus palabras ningún fatalismo; como todos sus análisis, éste se basaba en las profundas fuerzas sociales que actuaban en la época imperialista, las cuales abrirÃan la inevitable perspectiva de nuevas crisis y revoluciones; este era, al mismo tiempo, el fundamento de su optimismo revolucionario. “…No necesito refutar una vez más las calumnias estúpidas y viles de Stalin y sus agentes; en mi honor revolucionario no hay una sola mancha. Nunca entré, directa ni indirectamente, en acuerdos ni negociaciones ocultas con los enemigos de la clase obrera. Miles de adversarios de Stalin fueron vÃctimas de acusaciones igualmente falsas. Las nuevas generaciones revolucionarias rehabilitarán su honor polÃtico y tratarán como se lo merecen a los verdugos del Kremlin.
En sus propias palabras"Fui revolucionario durante mis cuarenta y tres años de vida consciente y durante cuarenta y dos luché bajo las banderas del marxismo. Si tuviera que comenzar todo de nuevo tratarÃa, por supuesto, de evitar tal o cual error, pero en lo fundamental mi vida serÃa la misma. Moriré siendo un revolucionario proletario, un marxista, un materialista dialéctico y, en consecuencia, un ateo irreconciliable. Mi fe en el futuro comunista de la humanidad no es hoy menos ardiente, aunque sà más firme, que en mi juventud".
Más allá de esta historia trágica, en medio de la brutal crisis del capitalismo imperialista actual, debemos leer sus obras y siguiendo sus enseñanzas y experiencias, para apuntalar el proyecto del socialismo revolucionario. De esa manera, con toda seguridad, el sueño de León Trotsky seguirá su curso en busca de cumplirse.
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